BUENOS AIRES (NAP).
Argentina tiene, en materia de control de calidad y seguimiento
de un producto en la cadena alimentaria, sectores realmente
avanzados y competitivos, como los cítricos o la miel, y otros
más retrasados, entre ellos la cadena de la carne y la del
pescado.
La descripción la
realizó Emilio J. Gimeno, quien fue el coordinador de un trabajo
realizado para el Gobierno de Japón justamente sobre
“Trazabilidad en los alimentos argentinos” que fue presentado en
Expo Trazar 2006 que se realizó entre el miércoles y el viernes
en los salones del parque Jardín Japonés, en el barrio de
Palermo.
Gimeno, ex
presidente de la Organización Internacional de Epizootias de
Francia, expuso también algunas recomendaciones para que
“Argentina, que es un país con una favorable situación
comparativa, las transforme en buenas condiciones competitivas”.
Para ello reclamó
que “el Estado facilite la competitividad natural de Argentina”
el país “no es competitivo por la realidad fiscal”. También
marcó que
“hace falta
mayor inversión”.
Para el académico
un esquema de trazabilidad, es decir el rastreo de las distintas
etapas de los alimentos, debe surgir de un sistema normativo
general, con una vasta red electrónica y una base de datos
centralizada.
Pero debe existir
una amplia participación y compromiso desde el sector privado y
también de los gobiernos provinciales y municipales, los cuales
deben ser responsables de fomentar el armado de “centros de
producción” en cada zona.
“El objetivo
principal es terminar con el doble estándar alimentario”, es
decir, la diferencia de calidad y sanidad entre distintos
productos, básicamente entre aquellos que tienen destino de
exportación con los que van a ir al mercado interno.
Situación de
cada cadena
Gimeno realizó un
breve esquema y comentario del avance de la trazabilidad en
Argentina en diferentes cadenas alimentarias, a partir de las
normativas internacionales y reglamentos nacionales, siempre con
el enfoque puesto en los productos exportables
En este orden
destacó especialmente la calidad y control entre los productos
de origen vegetal, básicamente los cítricos (Argentina logró en
2004 exportar limones a Japón) como ejemplo de trabajo
consensuado público y privado. También en los no cítricos y los
vegetales orgánicos.
Mientras que en
el caso de las producciones de granos señaló que no existe un
plan de trazabilidad. Si bien se comenzó con un programa de
“identidad preservada”, el sistema no avanzó a pesar de las
exigencias en torno a los transgénicos.
En cuanto a
productos de origen animal, Gimeno advirtió que en el caso de la
cadena de la carne “se hicieron caminos para adelante y para
atrás y no se ha avanzado” en superar la competitividad del
producto en relación a países como Brasil y Uruguay.
En mejor
situación se encuentran los productos lácteos, con controles que
se realizan desde los animales, el tambo, transporte y las
plantas donde las empresas que exportan llevan un control
informático homologado para medir sanidad y calidad, al igual
que en los países compradores más exigentes, como Francia y
Holanda.
Entre los lácteos
destacó las Normas INTI (del Instituto Nacional de Tecnología
Industrial) para los quesos artesanales. “Tiene perspectivas
grandes”, dijo Gimeno.
Sí se destaca en
el rubro animal la trazabilidad en la cadena de la carne aviar,
en la cual destacó el compromiso de las cámaras Capia y Cepa que
agrupan a empresarios y productores de pollo. También ponderó la
trazabilidad en la cadena del conejo.
La miel también
pasó el examen, por sus cuidados en toda la cadena, que van de
la sala de extracción, depósitos de acopio y procesamiento.
“En pesca estamos
en papeles”, sentenció el experto, aunque describió que se están
comenzando a realizar fichajes de especies y registros de buques
y de plantas de procesos. (NAP)